La Coctelera

Luis García Montero

los días que son días porque alguien me ama

14 Marzo 2007

Para ser leído muchos años después

Existen
llamaradas de lluvia en los faroles
de algún amanecer, mientras corremos,
en una edad cualquiera de la vida
a partir de los veinte. Yo no sé
si recordáis la sombra de los coches
junto a la madrugada. Entre vosotros,
solo
en la resaca torpe del deseo,
he conocido un mundo imaginario
de luces y destellos,
con la ciudad indecisa todavía
decorando la escena perfecta del regreso
como una consecuencia de atardecer unidos
cada día más cerca de nosotros.

Hoy conozco los ojos en blanco del amor,
su primera presencia de corazón nublado,
la pequeña venganza que nos plantó en la boca.
Conocemos el mar,
siempre vuelto de espaldas
en veranos antiguos ante la despedida,
cuando el sexo no fue sino este bosque
dorado de los cuerpos
o la virtud de ti,
y noches dulcemente
soportadas, y pestañas abiertas
y ventanas.

Para el amor
hace falta sin duda mucho tiempo
y alguna vocación. Seguramente,
como viejos poetas
descoloridos por la proximidad,
sigamos más que nunca
en los espejos sucios de un café
o recordando el Sena al pie de nuestros besos,
nuestros mejores besos sobre unos labios góticos
en una primavera demasiado inexperta.
Quizá, después de todo,
nosotros sí vinimos de París.

Venid,
estamos todavía
prendidos al silencio de nuestra soledad,
en aquella ciudad indiferente
tomada por el viento, crecida en la nostalgia,
llena de muslos blancos donde nunca dio el sol.
Venid,
seguimos a la sombra de sus itinerarios,
bajo su luna roja de arcilla y de tormenta,
entre la piel dormida de su lluvia nocturna.
Venid,
en esta madrugada venid, porque el deseo
está tranquilo ahora
como una mesa sucia de botellas,
tardes de hierba o espuma de relojes.
Venid, venid
volvamos a elegir...
canción o restaurante.

Desde que anochecimos con ojos de bolero
la vida ha sido a veces
asistir dulcemente a un cine de verano
lleno de irrealidad,
pero también a veces pasarse al enemigo.
Vengo, pues, a ofreceros desde entonces,
como un pellizco obsceno debajo de las faldas,
aquellos años nuestros con sabor a champán.

("El jardín extranjero",1983)

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xuxi

xuxi dijo

Me encanta.

7 Mayo 2008 | 02:35 PM

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